sábado, 21 de enero de 2012

Amistad, autoridad y obediencia.


La amistad entre padres e hijos se puede armonizar perfectamente con la autoridad que requiere la educación para esto es preciso crear un clima de gran confianza y de libertad, aun a riesgo de que alguna vez sean engañados. Más vale que luego ellos mismos se avergüencen de haber abusado de esa confianza y se corrijan.

En cambio, cuando falta un mínimo de libertad, la familia se puede convertir en una auténtica escuela de la simulación. Los hijos tienen que entender que, nos guste o no, todos obedecemos, no pueden engañarse con ensueños de rebeldía infantil.

Obedecer es a veces incómodo, pero tienen que descubrir que no siempre lo más cómodo es lo mejor. Los jóvenes deben darse cuenta de que el mejor camino para ser libre es lograr ser dueños de si mismo. Han de comprender que sólo el joven formado en la obediencia juvenil será libre en la edad adulta.

Pero, quizás les cuesta mucho obedecer porque no os padres no  saben mandar sin imperar.  A continuación se presentan algunos fáciles detalles que promueven la obediencia:

1. Es necesario exigirse en los mismos puntos que se aconseja, manda o corrige: ante todo recordar que tienen que ser humildes, pacientes y ordenados, siempre ir por delante con el ejemplo.
2. Manda con afán de servir, sin dar la sensación de que lo haces por comodidad personal. Que vean que te molestas tú primero: muchas veces así ellos entenderán, sin necesidad de que nadie se lo diga, que deben hacer lo mismo.
3. No exhibas demasiado la autoridad. No des lugar al temor o a la prevención.
4. Procura saber lo que hiere a cada uno, para evitarlo delicadamente si es preciso. Sé comprensivo y sé muy humano. Aprende a disculpar. 
5. Habla con llaneza y sin apasionamiento, sin exagerar, procurando ser objetivo. Aprende a discernir lo normal de lo preocupante o grave.
6. Habla con claridad, a la cara. No seas blando, ni tampoco cortante: mantén una exigencia acolchada.
7. Sé positivo al juzgar y pon en primer término las buenas cualidades, antes de ver los defectos, y sin exagerarlos.
8. No quieras fiscalizarlo todo. No quieras uniformarlo todo. Ama la diversidad en la familia. Inculca amor a la libertad, y ama el pluralismo como un bien.
9. Respeta la intimidad de tus hijos, sus cosas, su armario, su mesa de estudio, su correspondencia; y enséñales a respetar a los demás  su intimidad.
10. No dejes que se prolonguen demasiado las situaciones de excesiva exigencia. Para ello, debes estar atento a la salud y al descanso para que nadie llegue al agotamiento psíquico o físico.

Debes prestar mayor cuidado a los más necesitados, recuerda que todos los hijos no son iguales. Esto se hace para evitar que tomen cuerpo las crisis de crecimiento o de madurez.

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